El cine es uno de mis pasatiempos favoritos. He visto películas de todo tipo: muy buenas, muy malas, reguleras, desfasadas, somníferas y ridículas. De ésas que sales del cine pensando "¡menudo timo, que devuelvan el dinero!" las ha habido a docenas, nos pasa a todos. Pero jamás me habían tomado el pelo tal vilmente como con la película de la que os hablo hoy.
Como ya tengo cierta costumbre, empezaremos por la carátula... ¡dentro imagen!
El título, pues, está claro: Tres días de amor y fe. Cuando Nikt y yo encontramos el susodicho DVD no dudamos demasiado ¿Por qué? Pues porque, a pesar de la sinopsis (hablaba claramente de propaganda norteamericana durante la 2ª Guerra Mundial) participaba en ella la inimitable Katharine Hepburn. Podéis verla a la izquierda en la foto. Con la señorita Hepburn en cartel algo bueno tendría la película, o eso pensamos. Craso error.
Durante sus dos horas y pico de duración vimos desfilar por la pantalla a montones de actores, cantantes, músicos y humoristas famosos de la época. El lugar de reunión de tanta estrella era una cantina para soldados destinados al frente contra los alemanes. Por lo visto, en aquellos sitios (nada de ficción, eran totalmente reales), cenaban gratis y, además, podían buscarse una "voluntaria" para acompañarles durante la velada. Eso sí, nada fuera de las puertas del local, ¿eh? ¡O las normas le quitarán a la chica el pase de entrada! ¡No podrá subirle la moral a ningún otro soldado! En fin, el caso es que los grandes artistas norteamericanos estaban allí para apoyar a las intrépidas tropas de pobres chavales.
Una actuación. Después otra, y otra más. Luego cinco minutos de guión. Otras cuatro actuaciones. Ése es, más o menos, el ritmo de la película. Cada famoso haciendo de sí mismo, subiéndose a un escenario a actuar o interpretar para distraer a los uniformados, y todo lleno de soldaditos, felices de compartir la noche con las celebridades. Ah, bueno, hay por ahí una historia...algo sobre un marine y una muchacha de ésas acompañantes... pero vamos, nada relevante.
Entre tanto lucimiento, nos faltaba algo. Lo más importante. La más importante, más concretamente. Esperamos y esperamos ¿Dónde narices estaba? ¿¿Qué habían hecho con Katharine Hepburn?? ¡Su nombre está el primero en la lista de actores de la carátula! No se nos había escapado, porque habíamos continuado con la peli sólo para poder verla. La primera hora aguantamos estoicamente con esperanza. A la hora y media sólo esperábamos una aparición estelar que nos compensara el haber perdido todo aquel tiempo. Pero nada de nada.
Después de una eternidad, en pleno final, la chica de la peli se cruza con nuestra querida Kath. "Ah, bien, ahora al menos jugará algún papel en el desenlace", pensamos. Pues no. A fastidiarse: dos frases mal puestas.
Total, tanto rollo para dos minutos y medio típicos y absurdos que podría haber hecho cualquier otro. Fue la estrella que menos actuó de toda la película con diferencia. Ciento treinta y un minutos de tostón insufrible. Vaya desilusión...y menuda rabia.
Moraleja, queridos frikiamigos: no os fiéis de las carátulas. Las carga el diablo.