La tarde había sido completa, tuvimos robots a cuerda y chinos lanzadores de rayos, zombies templarios rockeros y un mayordomo borde. Ya no pedíamos nada más, y sin embargo lo tuvimos con Contamination: Alien arriva sulla terra.
No nos decidíamos si ir a verla o ir a ver Splice, lo nuevo de Vincenzo Natali (Cube) que junto a Chaw era lo único de pago que nos apetecía ver ese día. Como esa tenía estrellas de relumbrón la posibilidad de verla dentro de poco en un cine, el recordar como me flipaba la caratula de la peli italiana en el videoclub de mi barrio (y que nunca me atreví a alquilar por ser un crío miedoso) y, sobretodo, la imperiosa necesidad que tenia de comprarme un par de camisetas desvió la balanza por no movernos del edificio Miramar y continuar con la sesión castañera.
Grandes amantes del cine, al igual que los turcos, los italianos homenajeaban a grandes éxitos del cine, lo mismo bárbaros como en Ator el poderoso, futuros postapocalípticos como en 2019: la caída de Nueva York, de bichos como Tiburón 3 y esta, llevando Alien en el título, pues sabíamos que era una del palo. Una en la que el homenaje esta en el titulo y poco más.
La primera in tha face no tiene que ver con la cinta en sí, si no con la organización. La copia que nos pusieron estaba en italiano pero subtitulada al francés. Yo que soy un hombre de mundo ni me inmute, sé que el que fue a Sevilla perdió su silla, así que me quede quieto, por una vez que tenia buen asiento... Lo cierto es que eso logró que un par se fueran de la sala, pero los que quedamos nos tomamos la sesión ya a cachondeo total.
Sólo hay un superviviente que es puesto a descontaminar. Es el prota junto a una tipa que aparece en ese momento dando ordenes a diestro y siniestro, es una jefaza de la CIA o del FBI. Y sí, se palpa la tensión sexual entre la estirada y fría generala y el curtido policía neoyorquino... bueno, neoyorquino tampoco, el actor es el tópico viviente del italiano. Gesticula un montón con las manos, pone la cara esa de asco tan italiana, hace chistes de Jaimito, que vamos, si ese ha nacido en Brooklyn yo soy esquimal... y eso merece una nueva dramatización, porque vosotros me lo habéis pedido.
Y pasamos a unas escenas donde vemos en que se gastaron gran parte del presupuesto: en botones inútiles. Sí señores, estamos en el futuro y el hombre ha llegado a Marte así que las maquinas están llenas de lucecitas de colores y botones y hacen zumbidos raros. Una científica nos enseña un ratoncito la mar de mono (y el mejor actor de la peli) y nos arrancó un OOOOOOOHHHH a los de la sala, porque sabíamos como iba ha acabar. Y es que le inyectan un poco del liquido explosivo de los huevos y como es lógico acaba pareciendo una hamburguesa poco hecha.
Y sí, el hombre ha llegado a Marte y a ese se van a buscar. A uno de los dos astronautas que hicieron el viaje. Él, Hubbard, ya avisó de estos huevos pero solo logró convertirse en un hazmerreír y así lo conocemos, tirado en calzoncillos en su casa, con botellas vacías a su alrededor y un sombrero de cowboy (¿o estoy mezclando pelis?).. un autentico loser, vamos. Resulta que la coronela fue una de las que más se rió de él, pero tras un flashback en el que le vemos en Marte, rodeado de los huevos cantarines y con una luz misteriosa viniendo hacia él y gritando el nombre de su compañero, decide que el mundo pese a todo merece una segunda oportunidad. Y creo que en el fondo queria beneficiarse a la coronela (aviso comentario completamente gratuito).
Y ya los tres amigos, la coronela, el poli del casi-casi-el-centro-de-Nueva-York y el astronauta se encaminan a Colombia. Y es que recordemos que los huevos vienen camuflados en cajas de café, ¿qué podían haber ido a un Carrefour?, sí, pero sería menos aventurero.
Pero no todo son torpes insinuaciones sexuales, están cerca de descubrir el misterio de los dichosos huevos, así que la cosa se pone peligrosa. Un desalmado pone en el cuarto de baño de la coronela uno de esos productos interestelares, mientras ella se da una ducha (lastima amigos de las tetas, tampoco salen en esta. Las únicas de la velada salieron en Don´t wake the dead y Marxi no supo aprovechar la ocasión de llenar esto de mamellas). Es una escena agónica... pero no por la tensión si no porque el huevo no explota ni a la de tres y lo tenemos cantando veinte minutos seguidos, la coronela grita hasta quedarse afónica y la rescatan.
Pero resulta que el malote no es tonto y averia el avión de Hubbard. O eso dice él cuando se estrella, pero todo el mundo sabe que no es lo mismo pilotar una nave que una avioneta y hay muchos que se las dan de listillos... sin embargo sale ileso del accidente y se adentra en la selva. Encuentra a un moribundo y llega el momento más decepcionante de la peli. El herido le habla de unos zombies blancos y la sala rugió de emoción, pero resultó que eran unos tíos con ropa blanca recogiendo los dichosos huevos, que si ¡CRECÍAN DE LOS ÁRBOLES!!!!!
Mientras el malote les seguía el juego a los otros dos. Bueno, en realidad, una esbirra por que resulta que el malo es ¡¡¡¡¡¡¡HAMILTON!!!!!!... esto, el compañero astronauta de Hubbard que supuestamente estaba muerto.
Y es que cuando se cansa de dejar que el poli yo-antes-era-gondolero y la coronela paseen por su casa como Pedro, los atrapa y los lleva por fin ante el alien para contarles sus planes. Resulta que en el flashback se supone que lo ha hipnotizado y eso que no salia y que quiere que se reproduzca y que es la lucha natural por la supervivencia de la especie y yo que sé, que ya estaba pendiente de la hora, que nos iba a empezar Chaw y esa era de pago.
Toca despedirse: Arrivederci (ou revoir).
Así sabéis lo que se siente.




























