jueves, 7 de mayo de 2009

Historias de científicos (II)

Érase una vez una promesa hecha en una entrada de blog. Una promesa que hablaba acerca de completar una historia. Pasaron los meses, se cumplió el año, y la perezosa de la autora seguía sin cumplir su palabra. Pero hoy es el día, queridos frikiduneros, en que por fin os contaré esa historia. Implorando vuestro perdón, me introduzco de lleno en el tema: el relato de la vida de Richard Owen.

¡Cómete las verduras o vendrá Richard Owen y te chupará la sangre!

Este personajillo fue un eminente anatomista en la primera mitad del siglo XIX. Licenciado en medicina, ya en la universidad demostraba un interés especial en el estudio del cuerpo humano. Tal era su pasión que se agenciaba especímenes (o trozos de ellos) allá donde podía, no siempre de la forma más lícita. De hecho en una ocasión, con la cabeza de un marinero negro que acababa de "adquirir personalmente", resbaló en la calle y su preciada mercancía salió rodando del saco hasta frenar en el salón de una casa cercana. Afortunadamente, pudo recuperarla antes de que los habitantes de la misma se preguntaran dónde demonios estaba el resto del cuerpo.

Ya titulado, en 1825, Owen entró a trabajar en el Real Colegio de Cirujanos de Londres. Se encargó de organizar las colecciones de la institución, a la vez que consolidaba su talento como anatomista, escribiendo hasta 600 artículos (uno de ellos acerca de cierta columna vertebral, aunque eso fue más tarde). Incluso se permitía llevarse el trabajo a casa... un rinoceronte fallecido hacía poco, por ejemplo. Debía adornar una barbaridad el hall.

A pesar de lo dicho, a este médico nacido en Lancaster se le recordará principalmente por tres cosas: su trabajo con los dinosaurios, sus incontables enemistades científicas y su habilidad para atribuirse méritos ajenos. Ya comentamos cómo Richard se agenció los descubrimientos de nuestro desgraciado amigo Gideon Mantell aprovechando la convalecencia de éste. Algunos otros compañeros de profesión sufrieron el ansia de protagonismo de Owen, que aprovechaba su influencia en la Real Sociedad para, no sólo robar los logros de otros, sino también desprestigiarlos e incluso expulsarlos. Hechos como ésos le valieron importantes enemigos, incluido el mismísimo Darwin.


Aquí, el señor Owen y su único amigo, un señor con túnica

Quizá el hecho que mejor ilustre la personalidad de Richard Owen ocurriera en 1857: su nombre apareció como "profesor de fisiología y anatomía comparadas de la Escuela Oficial de Minas" en una importante revista médica. Cuando T.H. Huxley, quien ostentaba realmente esa cátedra, pidió explicaciones a la publicación, los responsables contestaron que la información había sido dada por el propio Owen.

Pero sus fechorías no iban a durar siempre. Finalmente se le descubrió "in fraganti" intentando atribuirse el descubrimiento de un molusco extinto llamado belemnita, del que en realidad había oído hablar cuatro años antes en una conferencia, un detallito que olvidó mencionar. Por dicho artículo se le concedió la Medalla Real de la Sociedad Zoológica, y curiosamente logró conservarla tras descubrirse el pastel. Claro que él era el presidente del comité. Aún así, este hecho sirvió a su archienemigo (por razones obvias) T.H. Huxley para lograr su expulsión de la Real Sociedad y de la Sociedad Zoológica. El karma, queridos amigos.

Richard Owen aprendió de sus errores. Fue uno de los fundadores del Museo de Historia Natural de Londres en 1880, donde dedicó el resto de sus días a hacer éste accesible para cualquier público (hasta entonces los museos estaban tan enfocado a una élite que para poder visitarlos debía rellenarse una solicitud por escrito y luego pasar una entrevista), mediante exposiciones públicas y colocación de carteles descriptivos.

A título informativo: fue Richard quien acuñó el término "Dinosaurio". Lo cual no deja de ser irónico, dado que la mayor parte de los expolios que cometió fueron en materia paleontológica.

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Hasta aquí la vida del señor Owen. Una historia de maldad y redención. Aunque no sabemos si al pobre Gideon Mantell le hubiera parecido bastante.

Esperamos que hayan disfrutado. ¡Si no se han aburrido, vuelvan a la próxima exposición de científicos curiosos! ¡Gracias por su visita!

7 comentarios:

Marxianna dijo...

Siempre se me olvida la fuente, ags!!

"Historias de científicos" es una sección basada en su totalidad en la obra de Bill Bryson "Breve historia de casi todo", que vuelvo a recomendaros encarecidamente.

niktgrump dijo...

Al menos este tipo no sólo se acerco los descubrimientos a si mismo si no que los llevo al gran público (quien sabe si poniendo "descubierto por richard mantell" en las plaquitas xDDD) Nah en el fondo debia tener un corazoncito pese a su aspecto vampirico xDDD

niktgrump dijo...

owen, queria decir richard owen...

Y buen trabajo Marxi

Marxianna dijo...

Sips bueno, altruista altruista el tío.

Por cierto, ¿no os comenté que su estatua está en el hall principal del museo, verdad? ¿Y que consiguió que las de Huxley y Darwin estén en la cafetería? XDDDD

Paskuator dijo...

Menudo curro que os estáis pegando :P

Desde aquí os quiero agradecer el esfuerzo y las entradillas que os estáis currando.

La verdad es que de los científicos yo me espero cualquier cosa... Buena o mala xD

Marxianna dijo...

Nada que agradecer, querido Pas. Tenemos una época de impulso creativo xDDDDD

Lo hacemos con mucho gusto. Sí, Nikt también, y si dice lo contrario sabe lo que le espera ¬¬

niktgrump dijo...

Yo no me atrevo a decir nada xDDD